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Máxima vigilancia para la joya del Palmeral

Un símbolo de Elche en peligro. Tiene un tamaño de poco más de tres centímetros pero su poder destructivo es infinitamente mayor. Se trata del picudo rojo cuya saciedad hace que todas las alertas para proteger el Palmeral histórico de Elche estén en marcha. Y como no podía ser de otra manera, para evitar que la Palmera Imperial del Huerto del Cura se vea afectada.

E. DE GEA El director del Jardín Artístico Nacional, “Huerto de Cura”, Francisco Orts, tiene muy presente, como médico, el dicho popular de que “más vale prevenir que curar”. Por eso, el avance de la plaga del picudo rojo, ya detectado en el Palmeral histórico de Elche, “no le quita el sueño” aunque sí “le preocupa”, sobre todo, por el monumento vegetal que constituye la Palmera Imperial, un ejemplar único en el mundo porque sus siete hijuelos nacen de su tronco principal en forma de candelabro. Como es sabido su nombre se debe a la emperatriz Elisabeth de Austria, más conocida como “Sissí” que visitó el Huerto del Cura en1894.

La razón de esta tranquilidad “relativa” de Francisco Orts es bien sencilla, ya que la Palmera Imperial está siendo tratada desde el mismo momento, hace poco más de cinco años, que la palabra picudo rojo comenzó, por desgracia, a ser conocida, tras llegar a España el escarabajo con unas palmeras importadas del norte de África. “Los vegetales se parecen a los seres humanos a través de la savia y la sangre”, por ello, desde hace muchos años “se está tratando la Palmera Imperial de la forma más correcta y efectiva que se conoce”, explica Francisco Orts.
El tratamiento consiste en la implantación de un sistema localizado (a goteo) en la palmera donde se mezcla el agua con un producto fitosanitario conocido como implicatoria o confiero. Éste es absorbido por la raíces y penetra dentro de la savia, señala el jardinero del Huerto de Cura, José Jaime Sempere. También se aplica en “este fenómeno botánico” directamente en su parte superior, en el margallón tierno, punto donde nacen las hojas y por el que penetra el picudo al ser la parte más blanda de la palmera. En este lugar aplica otro producto, duramen, mediante la pulverización.

El jardinero responde positivamente a la pregunta de si está preocupado por las palmeras del Huerto del Cura, sobre todo la Imperial. “Es para estarlo, comemos de esto y si le da por morirse (la Palmera Imperial) imagínate; es lo que viene a ver la gente, sobre todo de fuera donde es más conocida que aquí”.

Este jardinero de 37 años que lleva 11 en el Huerto del Cura vigila a diario todas las palmeras bajo su custodia para observar si hay algún síntoma relacionado con el picudo. “Lo malo es que cuando hay síntomas, el bicho está dentro y puede ser que ya no se pueda combatir y el ejemplar afectado muera” subraya para añadir que, “lo importante es prevenir”.

Por ello, los tratamientos continuos a las palmeras del Huerto del Cura se han intensificado, de forma especial en la Palmera Imperial y al menos se actúa en ella cada 45 días. El director del jardín botánico explica, poniendo de nuevo como ejemplo el cuerpo humano, que “no es lo mismo tomar una medicación por vía oral que por vía intravenosa que llega a todas las partes de manera instantánea”. Aplicando esta similitud, señala que el riego a goteo que se hace a la Palmera Imperial “es único” y permite, que el producto esté en la savia de manera permanente. “Si el picudo come actúa como un veneno muy eficaz y lo mata” añade. Destaca que por suerte para la Imperial, el picudo prefiere ejemplares jóvenes y la imperial tiene ya unos 165 años. “Dentro de la preocupación estoy tranquilo”, asegura. Y califica de vital importancia que el ejemplar no se vea afectado por la plaga por “su gran valor patrimonial”.

Un atractivo reconocido de forma secular
Los especiales cuidados que recibe la Palmera Imperial no son nuevos. Ya en el año 1900, y teniendo en cuenta su singularidad, el propietario del Huerto del Cura, el sacerdote José Castaño, le puso un soporte para evitar que el propio peso de los hijuelos hiciera que se desgajaran de la palmera central. Gracias a esta iniciativa este legado natural superó el paso del tiempo y en la actualidad tiene ocho brazos, un peso que sobrepasa las ocho toneladas y una altura de 17 metros. José Castaño, al cual se debe la denominación de “Huerto del Cura”, ya supo a principios del siglo XX difundir los valores de su propiedad, entonces una parcela agrícola más, dando a conocer la Palmera Imperial. Al mismo tiempo comenzó a instituir la dedicatoria o bautismo de las palmeras y la costumbre de que los visitantes dejaran sus impresiones en un álbum.

 

Diario “Información”, 12-12-11

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